Teología del Cuerpo · San Juan Pablo II · 22 de octubre de 1980
Dignidad del cuerpo y del sexosegún el Evangelio
Cristo no condena el cuerpo, sino la mirada que lo cosifica
Frente a toda sospecha maniquea sobre el cuerpo, Juan Pablo II relee el Sermón de la Montaña: el Evangelio no desprecia el cuerpo ni la sexualidad, sino que llama a purificar la mirada del corazón para redescubrir su dignidad.
«Habéis oído que fue dicho: No adulterarás. Pero yo os digo que todo el que mira a una mujer deseándola…»Cristo apunta al corazón, no solo al acto exterior
El Evangelio afirma el cuerpo como manifestación de la persona. Lo que Cristo condena no es el cuerpo, sino el deseo desordenado que reduce al otro a objeto. La pureza no niega el cuerpo: lo honra.
El giro del corazón
De la concupiscencia al respeto
La pureza
Afirmar, no negar
«La llamada a dominar la concupiscencia de la carne brota precisamente de la afirmación» de la dignidad personal del cuerpo: se domina lo que se ama, no lo que se desprecia.
La mujer
Un valor por redescubrir
La mujer no es un «anti-valor», sino «un valor no bastante apreciado»: el Evangelio pide redescubrirla en su integridad de persona.
