Teología del Cuerpo · San Juan Pablo II · 22 de agosto de 1984
La transmisión de la vidaen la comunidad conyugal
Dueño de sí para poder darse
Continuación de la relectura de Humanae vitae: la paternidad responsable no se juega en la técnica, sino en el dominio de sí. Solo quien se posee puede entregarse de verdad, sin manipular al otro ni a la propia fecundidad.
El ser humano es persona «precisamente porque es dueño de sí» — y por eso puede donarseEl autodominio como condición del don
Trasladar al amor los métodos de «dominio técnico» de la naturaleza convierte a la persona en objeto de manipulación. La verdad del acto conyugal pide respetar juntos sus dos significados: unir y abrir a la vida.
El corazón del tema
Verdad interior del acto conyugal
Dominio de sí
Libertad, no represión
Ser dueño de sí no es reprimirse: es poder disponer de sí para darse al otro con libertad y verdad.
Sin manipulación
La persona no es un objeto
Cuando se manipula la fecundidad, el acto pierde su verdad: «el acto conyugal, privado de su verdad interior… deja también de ser acto de amor».
