Teología del Cuerpo · San Juan Pablo II · 14 de noviembre de 1979
La unidad originariadel hombre y la mujer
«No es bueno que el hombre esté solo»
Una de las catequesis fundantes de la Teología del Cuerpo: desde la «soledad originaria» del ser humano, Juan Pablo II muestra que el hombre y la mujer están hechos el uno para el otro, para formar una comunión de personas.
«No es bueno que el hombre esté solo; voy a hacerle una ayuda adecuada»El punto de partida: la soledad originaria abre a la comunión
La soledad no es un defecto: es el modo en que el ser humano descubre su singularidad como persona y su apertura necesaria hacia otro «semejante». Ante la mujer, el hombre exclama: «carne de mi carne y hueso de mis huesos».
El descubrimiento
Identidad y diferencia
La unidad
La misma naturaleza
«Su unidad denota sobre todo la identidad de la naturaleza humana»: varón y mujer comparten la misma dignidad de persona.
La dualidad
Masculinidad y feminidad
La diferencia entre ambos no separa: hace posible el don. Solo dos que son distintos pueden entregarse el uno al otro.
El fruto
Communio personarum
«una sola carne»
El encuentro de los dos en su distinción forma una comunión de personas (communio personarum): reciprocidad, don mutuo y reflejo, en el ser humano, de la imagen de Dios que es comunión.
